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Saber razonar para vivir mejor |
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El gran carisma del doctor Castellá fue el de sanar. Su misión fue descubrir todo lo que nos enseñó fundamentalmente para ayudar al hombre, a la humanidad, a ser más libres. El gran interrogante que se nos presenta es : ¿Qué y cómo cambiar? Sabemos que el programa de vida nos ha dotado de una riqueza impresionante de patrones de respuestas que marcan tendencias frente a las situaciones que nos tocan enfrentar, vivir. Y hemos descubierto también que algunas de esas tendencias están equivocadas, se corresponden con un sentir de nuestra madre que, aunque sincero y con la finalidad de evitarnos sufrimiento, nos empobrece como seres humanos. Muchas veces renunciamos inconscientemente a valores tales como el matrimonio, los hijos, la salud, la riqueza, el trabajo, por miedo a sufrir un mal que en realidad es un espejismo. Y nos sumimos en la soledad, la pobreza, la desazón, la enfermedad que también nos traen sufrimiento. Ocurre que el programa de vida se efectúa desde el inconsciente y desde lo afectivo. Por lo tanto hay relaciones de causa y efecto que no son tales. Cuando una mujer sufre, y siente un gran dolor, no siempre tiene la objetividad de ver cuál es la verdadera causa de ese dolor y generalmente se lo atribuye a las circunstancias que acompañan ese gran sufrimiento, y las considera causas. Así, si una mujer tiene hijos y a estos les ocurren desgracias terribles, trasmitirá quizá que es mejor no tener hijos para no sufrir tanto. O si sufre saqueos y robos, sentirá que es mejor no tener dinero. Esta trasmisión está hecha desde el genuino afán de evitarle al hijo sufrimientos. Lo que no se comprende en ese momento es que no son los hijos los que traen desgracias, ni el tener riqueza lo que causa el robo , ni el matrimonio el que trae el abandono. Es cierto que si uno no tiene hijos, no sufrirá la pérdida de los mismos (si es que esto ocurre); pero se perderá la gran riqueza de acompañarlos y guiarlos ; es verdad que si uno no tiene riquezas, nadie podrá arrebatárnoslas; pero cuántas cosas buenas podemos hacer con ellas que nos perdemos; también es cierto que el que no se casa no sufrirá el que su conyuge le sea infiel, o lo trate mal; pero también se perderá el valor de ese encuentro único que se produce entre el hombre y la mujer cuando se unen en matrimonio. Nuestra evolución ha sido siempre evitativa. Me viene a la memoria ese cuento que relata el doctor G. Castellá en sus conferencias: En una cierta tribu a un hombre que había cometido un delito se lo condenó a que le ataran las manos. De esta manera no podía robar, ni empuñar armas, ni golpear. Pasó mucho tiempo y comprendieron también que en todos estos años tampoco había podido cultivar la tierra, acariciar a sus hijos, tenderle la mano a un amigo. Decidieron soltarle las manos; pero al hacerlo advirtieron que las tenía atrofiadas. Volvamos entonces al punto de partida: ¿Qué y cómo cambiar? El qué está referido a ese empobrecimiento del ser. Herminio solía decir: "Si algo se me tiene que dar y no se da, si algo me debería gustar y no me gusta es porque le tengo miedo". Ante la enfermedad (concebida en su sentido etimológico como "falta de firmeza") podemos darnos cuenta qué es lo que tenemos que cambiar. Y en ese sentido nuestros avatares se convierten en recursos de aprendizaje, verdaderos puntos de partida para mejorar, sin los cuales no advertiríamos lo que ocurre en nuestro interior. El punto de partida para cambiar es entonces la aceptación de lo que ocurre. Quizá este sea uno de los pasos más difíciles y muchas veces el hecho de que no podamos cambiar se remite a que en el fondo no podemos aceptar lo que nos pasa. Aceptar nos traerá la paz necesaria que podrá en marcha todos los mecanismos para revertir . Aceptar promueve armonía en nuestro interior. ¿Cómo nos damos cuenta de que no estamos aceptando lo que nos afecta? Cuando sentimos enojo, rabia, impotencia. Estas son la señales. A partir de la aceptación puedo comprender que lo que me está pasando tiene un sentido para mí, y una razón. La comprensión pone el problema donde tiene que estar, en nuestro interior. Es un verdadero bálsamo para curar el dolor. En este paso es esencial también el perdón. Desde este lugar, entonces puedo empezar a explorar cuáles son la raíces del problema que tengo que enfrentar. Me atrevo a decir lo siguiente: por más que esté a la vista, es preferible no ahondar en el problema y sus causas si no puedo salir del odio, del miedo, de la ira, de la violencia o la impotencia. Hay infinidad de caminos para llegar a este estado de paz interior. Yo recomiendo personalmente la oración, en especial la oración de abandono, el poner en manos de Dios y Su sabiduría y entregarle el dolor, el enojo, el sufrimiento. Para aquellos que no creen en ello, la meditación, el yoga son técnicas milenarias que brindan un estado interior que promueve armonía y bienestar. Lo que acontece es que los datos referidos al peligro que tenemos grabados en nuestro inconsciente están latentes, pero se refuerzan cuando aparece un estímulo que recuerda la escena primaria, o cuando nosotros sentimos miedo, ira ,culpa. Por eso las emociones negativas avivan el dato, y es mucho más difícil cambiarlo. El doctor G. Castellá solía decir: "Desde el miedo a no casarme potencio el miedo a casarme".( o "desde el miedo a la enfermedad, potencio la enfermedad"). Cuando nuestra madre sufrió en el matrimonio, y transmitió que es mejor evitarlo, lo hizo sintiendo miedo. Este miedo lo llevamos adentro, y se despierta cuando yo enfrento situaciones que mi inconsciente interpreta como tendientes a que me case: el noviazgo, por ejemplo. Entonces empiezo a ponerme obstáculos. Pero ese miedo también se despierta cuando empiezo a sentir miedo ante la posibilidad de que nunca me vaya a casar. Porque el inconsciente recibe la emoción, el miedo, como una sola. Y por lo tanto, refuerza el dato y caigo en un círculo vicioso del que sólo puedo salir comprendiendo esto y estando en paz. En un próximo trabajo desarrollaremos distintas maneras de encontrar los datos que llevamos en nuestro inconsciente, para poder comprender mejor las respuestas que damos. Y que podamos vivir nuestro programa de vida como una riqueza y no como una esclavitud. Andrea Mussini
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