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Momento de la concepción |
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Herminio Castellá solía decir que éste era el momento en el que el ser humano necesitaba más amor, y que si no lo recibía sería un mendigo de amor toda su vida y siempre se sentiría insatisfecho. Sin embargo, él explicaba, este amor tan necesario para su desarrollo no es específicamente amor de la madre a ese hijo (del cual todavía no es consciente), sino amor de la madre por el padre de ese hijo, amor entre la pareja que engendra. Dice Gabriel Castellá : “La afectividad con que somos engendrados marca el modo en somos proyectados a la vida y cuanto más intenso, pleno y puro sea el amor entre nuestros padres y hacia nosotros en este momento inicial, mejor se desplegará luego nuestra existencia.” ( Paradojas existenciales , op. cit., p. 39) Cuando una mujer y un hombre engendran un hijo lanzan un mensaje al futuro; la proyección con que sea enviado, el sentido que le encuentre a su vida, depende en gran medida de las vivencias afectivas de la mujer en el umbral de la concepción, período que comprende desde los días previos a la gestación y se extiende hasta el tercer mes de la misma. Los doctores Castellá han clasificado estas vivencias para su mejor comprensión en seis categorías: (Ver Paradojas existenciales (op. cit., p.40) A. Motivaciones con las que es engendrado un hijo . Nuevo trabajo. B. Actitud ante la concepción C. Vivencia del ser femenino D. Vivencia del ser masculino E. Vivencia del vínculo E. Expectativas para el hijo Es importante destacar a esta altura que cuando hablamos de la influencia que tiene la afectividad de la mujer en la concepción, la misma no determina la conducta que tendrá el hijo en el futuro, convirtiéndolo en un títere suyo sin posibilidades de cambio. El plan de vida marca un rumbo, es, en palabras de Gabriel Castellá, una hoja de ruta y como tal condiciona nuestras vivencias en una forma flexible. Andrea Mussini
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