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Lo masculino y lo femenino |
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Varón y mujer se relacionan, entonces, de una manera especial. Hay mitos muy antiguos que describen una primera creatura que luego se dividió en dos y desde entonces cada mitad busca a la otra para volver a formar la totalidad primitiva, el ser completo, el andrógino. Dice Gabriel Castellá que "es lo femenino lo que lleva a la humanidad a descubrir el sentido de la vida, la verdad del amor. Por otro lado, es lo masculino lo que permite a la humanidad descubrir el desarrollo del pensar, la acción, el amor a la verdad. En el mundo todo es bipolar desde un concepto de complementariedad, no de oposición. En el polo masculino está la acción; en el femenino, la pasión, el motor de la vida. La integración de ambos es esencial para el desarrollo de la humanidad" (Conferencia dictada el 3 de julio de 1991). La palabra "Yahveh" (que designa a Dios en el Antiguo Testamento) se escribe en hebreo con cuatro caracteres que simbolizan dos principios y dos consecuencias: el principio activo - lo masculino, el principio pasivo, lo femenino, la consecuencia activa, la fecundación, y la consecuencia pasiva, el fruto. Si comprendemos todo esto vemos que así definido varón no es el opuesto de mujer, sino su complemento. Lo ideal, dice Herminio Castellá, es que en la mujer predominen las cualidades femeninas y en el hombre las masculinas, pero no en forma excluyente. La mujer también actúa y el hombre siente. Por eso Castellá solía referirse a una afectividad inteligente en la mujer y a una inteligencia afectiva en el hombre.(Cuando hablamos de inteligencia deberíamos aclarar además que el término está empleado en un contexto tradicional , relacionado con la capacidad de resolver problemas y con el pensamiento racional y analítico. Existe un pensamiento de carácter intuitivo, holístico e integrador, que estaría relacionado con características femeninas.) Según Carl Jung, lo femenino se asociaría con la pasión, la intuición, la síntesis, lo concreto, el arte, la noche, la tierra; y lo masculino, por otro lado, con la acción, la deducción, el análisis, lo abstracto, la ciencia, el día, el cielo. Un error de nuestra cultura, cuyas consecuencias venimos arrastrando hasta hoy, es de considerar más valiosas o de carácter superior las cualidades asociadas a lo masculino. De esta manera, durante muchas generaciones la mujer fue considerada como un ser inferior y "relegado" a las tareas del hogar a través del sometimiento. En esta tergiversación tomaron parte tanto hombres como mujeres, los unos sometiendo y las otras permitiéndolo. Esta situación trató de revertirse pero el error conceptual siguió siendo el mismo : son las cualidades masculinas las superiores. Entonces las mujeres, en un afán de liberarse de una situación ya insostenible, quisieron parecerse a los hombres y destacarse como tales. El movimiento "feminista" debió llamarse "masculinista" o "machista", ya que, por un lado trató de restaurarle a la mujer su dignidad como ser humano, pero partiendo de la base de que los hombres y las mujeres son iguales. Citando a Ernesto Sábato en su libro Heterodoxia : "El candoroso siglo XIX culminó en la doctrina más inesperada de todos los tiempos, en la idea de la identidad de los sexos (…), como si la diferencia entre el útero y el falo fuera algo así como un resabio de los Tiempos Oscuros, destinado a desaparecer con la diligencia y el analfabetismo. (…) La mayor parte de las mujeres se deja arrastrar por esa teoría, sin comprender que les hace muy poco favor y que las coloca en un terreno desfavorable: como si un submarino, molesto por el prestigio de la aviación, pretendiese ser tan bueno como un avión…en el aire. " (Héterodoxia, Bs. As., Emecé editores, 1982, pp. 11 y 12 ). Cuando Herminio Castellá habla de la mujer como el ser promotor de la vida, ser inspirador y pasional, lo hace dándole un profundo valor a estos atributos. El hecho de que estas cualidades no sean "visibles " externamente, no quiere decir que no sean tan importantes como los atributos masculinos. En nuestra cultura, ante un naufragio u otra catástrofe, se privilegia la vida de los niños y las mujeres. Muchas personas creen que esto es debido a su fragilidad o inferioridad física. Pero, como sostiene Gabriel Castellá, en la naturaleza no se protege lo débil, sino lo valioso. Se privilegia a los niños porque son el futuro de la humanidad y a las mujeres por sus valores de promoción, afectividad y transmisión de cultura, y porque están mejor dotadas para cuidar de esos niños. Una sociedad en la cual murieran la mayoría de las mujeres tenderá a desaparecer, aunque haya muchos hombres; en cambio, si mueren la mayoría de los hombres, pero sobreviven unos pocos, esa sociedad tiene posibilidades de sobrevivir. Más adelante, cuando abordemos el tema central de la teoría del doctor H.C., el programa de vida y la transmisión telepática madre-hijo, podremos comprender mejor el papel de la mujer en la transmisión de valores culturales. Cuando H. C. habla de "revalorizar lo femenino" y de las "cualidades femeninas" que cada mujer debería desarrollar, apunta a su esencia como mujer. No es que a la mujer le falte capacidad para desarrollar los llamados atributos masculinos; pero poner el acento en estos sería en detrimento de aquello a lo que está llamada a ser. Dice Sábato: "Ha habido mujeres descollantes en letras y artes, pero ni una sola en filosofía. Este notable fenómeno a través de distintos tipos de civilización, bastaría para apuntalar esta tesis. Pero hay testimonios valiosos que prueban, no la incapacidad de la mujer para la filosofía, sino su indiferencia." ( Héterodoxia, op. cit. 13 ). Y también dice, citando a Gina Lombroso: "Existen entre la inteligencia masculina y femenina diferencias no cuantitativas sino cualitativas y de dirección que se relacionan, no tanto con circunstancias de tradición, de hábito, como con la específica función a que la mujer está destinada, la maternidad… A la mujer, que demuestra un interés tan vivo hacia todo lo que la rodea, hacia todo lo que pueda ver, sentir y tocar, le tiene sin cuidado la averiguación de las grandes leyes que rige eso mismo que hiere sus sentidos y su espíritu. Su avidez de conocimiento se dirige a las cosas mismas y no a las remotas causas a que obedecen; no le interesa contar las pulsaciones de un corazón que sufre, sino el saber por qué sufre. Las plantas, los animales, los hombres no son para ella problemas cognoscitivos, sino seres capaces de sufrir y gozar, seres hacia los que se siente ligada no por el conocimiento sino por el amor."(p. 14) Más adelante, Sábato explica : "La masculinización de la mujer trajo un desequilibrio de la vida erótica, que se manifiesta en una neurosis colectiva y en una crisis del matrimonio. Entre el matrimonio antiguo, en el que la mujer era la sierva del hombre pero en realidad el centro del mundo, y el matrimonio contemporáneo en que, bajo las apariencias de liberación, está verdaderamente esclavizada a la condición viril, se ha ido metiendo una potentísima cuña. Y el matrimonio estalla." Me atrevo a decir que también estalla la mujer; preguntémosle a cualquiera de nosotras que esté sumida en la vorágine de perseguir el éxito profesional, ganar dinero, mantener el hogar sin que éste se derrumbe y cuidar y criar a los hijos, si ésta no es una esclavitud mayor que la que tuvieron que sufrir cualquiera de nuestras abuelas. La revalorización de lo femenino es una tarea que nos atañe a todos, varones y mujeres, si queremos lograr una mejor integración, y un armónico desarrollo de la humanidad. Me gustaría terminar con una cita de E. Sábato que dice lo siguiente: "Siempre habrá una hombre, que, aunque su casa se derrumbe, se preocupará por el mundo; y siempre habrá una mujer que, aunque el mundo se derrumbe, se preocupará por su casa. "
Andrea Mussini
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