TEORIA DE CASTELLÁ - ARTÍCULOS

La libertad es optar con alegría

 

Libertad, ¿deber o derecho?

La riqueza está en el ser


Mas artículos


 



Herminio Castellá

"Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres" ( Evangelio según san Juan 8, 31-32)

    Cuando pienso en la palabra "libertad", una multitud de conceptos y significados se me aparecen en mi pensamiento. Frases populares, reclamos, deseos... Nuestro himno nacional comienza haciendo alusión a la libertad : "Oíd mortales el grito sagrado: ¡Libertad, libertad, libertad!"

    ¿Qué entendemos por libertad?

    ¿Entendemos verdaderamente lo que significa esta palabra?

"Libertad es optar con alegría", decía siempre el doctor Herminio Castellá. Y aquí quiero detenerme unos instantes en la palabra "optar". Optar, elegir entre dos caminos, dos cursos de acción, dos ideas, dos personas. El ser humano tiene esa maravillosa posibilidad de  elegir . No somos seres acabados, robotizados. Dios, al crearnos, nos dotó de esa capacidad que muchas veces se confunde con la libertad misma. Es nuestro libre albedrío, lo que nos permite crecer, desarrollarnos, tomar decisiones. No somos títeres predeterminados, con conductas programadas que no podemos modificar. Y, aunque debemos enfrentar circunstancias que no siempre podemos cambiar, siempre tenemos la posibilidad de tomar una actitud ante ellas.

    Sin embargo,  no somos libres por el hecho de poder elegir; esta es una condición necesaria pero no suficiente. No somos libres cuando elegimos hacer un daño, a otros o a nosotros mismos, aunque parezca que estamos ejerciendo nuestra libertad. Lo que ocurre es que confundimos la libertad con “hacer lo que uno quiere”. Por ello, cuando queremos que nuestros hijos aprendan a ser libres, o crezcan en libertad, los dejamos hacer lo que quieren, expresar todo lo que sienten, en un mal entendimiento de la libertad.

    Ejercemos nuestra libertad cuando elegimos el bien , el camino bueno, lo que es verdaderamente mejor para nosotros, lo que nos hace ser personas en su verdadera definición. A ello se refiere seguramente el Evangelio cuando dice que si conocemos la verdad, esta nos hará libres. Para elegir es necesario conocer, saber, evaluar el contexto.

    Pero incluso esta definición es incompleta. Porque podemos elegir el bien por miedo a lo que pueda pasarnos si elegimos el mal, o por vergüenza ante la opinión de los otros.

    Somos libres cuando elegimos hacer el bien por amor al bien mismo, y no por miedo al mal. Esta distinción no es un mero juego de palabras, ya que hacer algo que está bien motivados por el miedo o la culpa, lejos de ser un accionar libre, es verdaderamente lo opuesto: nos convertimos en esclavos, satélites de aquello a lo que tememos.

    Esto puede ilustrarse con un ejemplo sencillo. Supongamos que al conducir un automóvil me encuentro con un semáforo en rojo. Yo puedo elegir entre frenar o seguir la marcha. La primera opción se ajusta a las normas de tránsito; la segunda, no. Estas normas tienen un sentido que las trasciende, ya que el semáforo fue creado para un mejor ordenamiento del tránsito, ayuda a la circulación equitativa en sentidos opuestos y tiene como fin último preservar la vida. Si yo elijo frenar, aunque esté apurado, por amor a la vida, estoy actuando con libertad. Pero si yo elijo frenar porque tengo miedo de que algún agente de tránsito me aplique una multa, aunque estoy haciendo algo correcto, no soy verdaderamente libre y mi accionar no es verdaderamente bueno, ya que, si yo advierto que la sanción no se aplica, tenderé a no elegir el camino correcto. No soy libre, soy esclavo de la ley, y esta ley no representa un valor, sino algo que vivo como una limitación.

    Ocurre algo semejante con respecto al robo. Honesto, creo yo, es el que tiene la opción de robar y no lo hace; y este no hacerlo nace de su amor al prójimo, a sí mismo y a su capacidad de progresar, del respeto a la propiedad de los demás. Suele ocurrir que detrás de acusaciones de que “otros roben” se oculta la envidia y es muy probable que el que sienta eso haría lo mismo que el acusado si estuviera en lugar de él y se le presentara la oportunidad.

    También suele ocurrirnos cuando , como estudiantes, en lugar de elegir aprender por amor al saber, elegimos aprobar por miedo a la sanción. O cuando elegimos querer compartir la vida con alguien por miedo a la soledad y no por el valor del encuentro con el otro.

    Otra pseudo libertad que vivimos es la liberalidad sexual. Se habla mucho hoy de “sexo libre”. El ser humano puede elegir todo lo que el medio le propone en materia sexual, pero sólo es libre cuando elige ejercer su sexualidad, no como un fin en sí misma, sino como un lenguaje de amor profundo y al servicio de la trascendencia. Cuando se busca sólo la satisfacción del placer, no estamos ejerciendo la libertad, somos esclavos de esa sensación.

    Cuando somos verdaderamente libres, las decisiones que tomamos son nuestras, tienen ese componente de originalidad que las hace propias. Pueden haber sido inspiradas en un consejo ajeno, o en la conducta de otro, pero siempre han sido transformadas en nuestro interior hasta convertirse en auténtica expresión de nuestro ser. Somos protagonistas .

    La libertad es una de las actitudes más elevadas del ser humano, que abarca todas sus dimensiones; somos los únicos seres de la creación que podemos posponer nuestras apetencias. Pero este posponer, este elegir, para que sea verdadera expresión de libertad, tiene que ser inspirado por el amor e iluminado por la alegría, el “resplandor del ser”, según Goethe. San Agustín decía: “Ama y haz lo que quieras”. La persona libre irradia paz, promueve la más genuina armonía entre los que lo rodean.

    Una sociedad sana está formada por hombres libres. Y la mejor profilaxis para ello está en educar para la libertad, lo cual significa educar para promocionar los valores. De esta forma, trabajando desde la libertad de cada individuo, la sociedad crecerá y se desarrollará verdaderamente, eligiendo gobernantes que reflejen esos valores.

    Muchos de los actos en los que creemos "ser buenos" tienen motivaciones inconscientes muy profundas en miedos y culpas y no en un auténtico amor a uno mismo, a los que nos rodean, a la naturaleza, a Dios.

    Herminio decía que el médico tenía la función de hacer "que el paciente recupere su libertad, pero su libertad nace de adentro suyo, no se la puede dar nadie." ( La madre transmisora de valores, Colección Avizorando el futuro del hombre). La libertad, como dice Gabriel Castellá , es intransferible e indestructible. Aunque a un individuo se le quite la posibilidad de movimiento, aunque esté en la cárcel, mientras tenga conciencia tendrá la posibilidad de tomar una actitud frente a lo que le sucede. Dice Víctor Frankl: “Es evidente que el hombre está determinado, es decir sujeto a condicionamientos, sean biológicos, psicológicos o sociológicos y que en este sentido no es de ninguna manera libre: no está libre de condicionamientos, y en realidad no es libre de algo, sino libre para algo, en otras palabras es libre para tomar una posición frente a todos sus condicionamientos. (...) Soy especialista en neurología y en psiquiatría , y como tal conozco muy bien la condicionalidad biopsicológica del hombre; pero no sólo soy médico con dos especialidades, soy también sobreviviente de cuatro campos de concentración, y por esto conozco también la libertad del hombre, que es capaz de evadir con su esfuerzo todos sus condicionamientos y de oponerse a las más rigurosas y duras condiciones y circunstancias, y de aplicar todo su peso contar ellas, gracias a lo que yo denomino la capacidad del espíritu para hacer resistencia.” ( Psicoanálisis y existencialismo , Ed Fondo de cultura económica, Buenos Aires, 1990, p48)

    "Si en los primeros años de mi camino espiritual me hubiesen preguntado qué querría yo que la gente dijera en alabanza mía, yo habría contestado: "que digan que soy un santo". Algunos años más tarde habría contestado: "que digan que soy un hombre de gran corazón". Y ahora lo que quiero que digan de mí es... que soy un hombre libre" Anthony de Mello,S.J.

Andrea Mussini

Trabajo inspirado en las enseñanzas de los doctores Herminio y Gabriel Castellá