TEORIA DE CASTELLÁ - ARTÍCULOS

Teoría de las fases

 

Lo masculino y lo femenino
El matrimonio

 


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Cada vez que un varón y una mujer se relacionan, entra en juego una comunicación peculiar, que no se da entre personas del mismo sexo.

    Mucho se ha hablado y escrito sobre este tema, ya que, a pesar de los que sostienen que hombres y mujeres son o deberían ser iguales, es también ampliamente aceptada la noción de que no sienten o viven las cosas de la misma manera, y de que es difícil que los unos comprendan a las otras, y viceversa.

    En un trabajo anterior ya analizamos las diferencias fundamentales entre lo masculino y lo femenino. En el presente artículo describiremos un descubrimiento que hizo el doctor Herminio Castellá referente a la afectividad de la mujer y su repercusión en el varón. Como encarnación de los valores femeninos, la mujer es la reina de la afectividad, promotora de la acción, motor de la vida. Para poder actuar, pensar, trabajar, todo hombre necesita recibir la energía afectiva de alguna mujer. Ella será quien encienda su chispa interna. Podría inferirse que de esta cualidad de la mujer se desprende el dicho :"Detrás de cada gran hombre hay una gran mujer", explicando que los logros por lo que él es considerado grande fueron en realidad inspirados por ella. En palabras del doctor Gabriel Castellá: "Para el desarrollo de la humanidad, ¿quién es más importante, el hombre o la mujer?  Esta pregunta es tan absurda como preguntar: para el funcionamiento del automóvil, ¿qué es más importante, la carrocería o el motor? Obviamente que los dos son imprescindibles e igual de valiosos. La mujer representa el motor de la humanidad y el hombre su carrocería. El motor enciende la chispa y produce la energía para el movimiento. Y la carrocería hace efectivo el desplazamiento y da protección al motor." ( Paradojas existenciales, op. cit.p.44).

    H.C. postula que, en la relación telepática entre el varón y la mujer, se pueden distinguir tres fases o modos de estar afectivos en los que se encuentra la mujer, que, a su vez, producen sus efectos en el varón. Estas fases son esencialmente inconscientes, se dirigen radialmente hacia todos los varones que estén cerca de ella (no solamente hacia el marido o compañero) y transmiten fundamentalmente sentimientos.

    En palabras de Gabriel Castellá, hay en la mujer una primera fase de atracción erótica no genital desde la cual la mujer irradia amor y sentido de vida y le inspira al hombre afecto, paz y bienestar. Este, a su vez, siente deseos de cuidarla y protegerla.

    La segunda fase que descubrió Castellá la denomina su hijo de atracción erótica genital, desde la cual la mujer promueve la relación sexual y más profundamente, la fecundación. Es lógico que sea la mujer la que tome la iniciativa inconsciente ya que es ella la que tiene ciclos de fertilidad. En esta fase la mujer promueve la acción del hombre y mayor competitividad, ya que esto garantiza una mejor descendencia. Tanto desde esta fase como desde la primera se promueven las virtudes del hombre.

    Hay una tercera fase llamada de repulsión, desde la cual la mujer tiene la afectividad concentrada en repeler. La mujer transmite rechazo y promueve los defectos del hombre. Es un "pseudo" mecanismo de defensa que la mujer emplea cuando ve en el hombre a una amenaza. En esta fase el hombre sirve a la mujer yéndose.

    Es importante hacer la distinción entre promover y generar. En esta comunicación entre varón y mujer, la mujer no es la causa ni la responsable del comportamiento del hombre. Éste, frente a la transmisión que recibe, ejerciendo su libertad, puede hacer una pausa entre estímulo y respuesta, reflexionar, comprender y de ese modo, obrar correctamente

    Para la mujer este descubrimiento es muy valioso ya que le permite conocerse mejor a sí misma, valorarse y saber que en ella está la llave para promover mayor armonía y bienestar.

Andrea Mussini