CUENTOS Y POEMAS

Un relato africano

 
 


 

 

 

 

    En los pueblos primitivos hay ritos de iniciación, que son pruebas a las que son sometidos los jóvenes de la tribu para ser considerados como adultos. Si superan estas pruebas son incorporados como adultos.

    Un joven de trece años es sometido a la siguiente prueba:

    El consejo de ancianos le dice que debe ir a la selva y estar allí un tiempo solo, sin comer ni beber, y durante ese tiempo  mirar a un rinoceronte a los ojos y asegurarse de que éste también lo mire. Lo mismo debe hacer con una boa, un león y un elefante. Si logra hacer esto y vuelve a la tribu para narrar su experiencia, lo considerarán un hombre.

    Lo primero que decide hacer el joven es internarse en la sabana y buscar al leon, ya que considera que ésta es la prueba más difícil. Con sigilo y determinación avanza en dirección del rey de la selva. Lo mira a los ojos y logra que el animal también lo mire. Embargado por una gran emoción, se va retirando lentamente, y el león se queda inmóvil, como si entendiera lo que está sucediendo y se apiadara de él.

    El paso siguiente es internarse en la selva y buscar a la boa.  Cuando se asegura la visión mutua, se retira y decide enfrentar al rinoceronte.

    Al concluir la tercera prueba siente un alivio mezclado con triunfo. Ahora sólo le resta buscar al elefante, el único manso de los cuatro animales, herbívoro, pacífico y que se encuentra por doquier. 

    Se lleva la desagradable sorpresa de no encontrar ninguno. Pasa un día, dos, tres y nada.

    Llega a la desesperación y una sensación horrenda de fracaso lo invade. Aguanta hasta el límite de sus fuerzas físicas y retorna  a la tribu a narrar lo ocurrido.

    El consejo le dice:

   - Te felicito. Te has hecho un hombre.

    El joven no comprende.El consejo le explica:

-No has sufrido una derrota. La prueba a la que fuiste sometido fue la de decir  la verdad. Nosotros sabíamos que no ibas a encontrar ningún elefante porque nos encargamos de ahuyentarlos. 

El mensaje es que se hace hombre en serio aquel que es capaz de sostener la verdad, de ser íntegro.

Cuento relatado por el doctor Gabriel Castellá