CUENTOS Y POEMAS

El don de la aceptación

 
 


 

 

    Había una vez un hombre devoto de Vishnú, una divinidad hindú. Permanentemente elevaba sus ruegos insistentes, haciéndole toda clase de peticiones.

    Cansado ya de los pedidos interminables, Vishnú se le presentó y le dijo así:

    "Te voy a conceder tres deseos. Una vez que te los conceda, no pidas más nada, porque no te será otorgado".

    El hombre, maravillado y sin pensarlo dos veces, le pidió que muriera su mujer.

    Ya en el funeral, los amigos y familiares cercanos comenzaron a hablarle de las virtudes reales de su esposa difunta, virtudes que en vida de ésta él no había sabido descubrir. Cuando se dió cuenta de esto, tomó conciencia de que difícilmente volvería a encontrar otra mujer como ella.

    Por lo tanto le pidió a Vishnú que resucitara a su esposa, agotando así su segundo deseo.

    Se encontró, entonces, frente a una situación irreversible, ya que sólo le quedaba un sólo deseo. Si volvía a equivocarse, como ya le había sucedido, no podía volver atrás.

    Decidió pensarlo bien y no actuar atolondradamente. Le pareció oportuno pedirle consejo a sus familiares antes de decidirse.

    Uno de ellos le sugirió que pidiera la eternidad, ya que entonces iba a tener todo el tiempo para hacer lo que quisiera.

    Otro le dijo: " Si tienes vida eterna y estás enfermo, vas a estar enfermo eternamente. Pide la salud"

    Entonces otro se le acercó y le dijo: " Vos podés ser todo lo sano que quieras, pero si no tienes amigos, la vida no tiene sabor. Pide tener siempre amigos leales y verdaderos."

    Ante esto, otro comentó: "Si no tienes dinero, no vas a tener qué compartir. primero tienes que resolver tu situación económica. Pide la riqueza".

    Y así cada uno le encontró una objeción al consejo del anterior.

    Y el hombre siguió sin resolver qué pedir. Pasan los años, y sin decidirse, invoca nuevamente a Vishnú.

    Ante su presencia, le preguntó: 
    "Si estuvieras en mi lugar, ¿Qué pedirías?"

    Vishnú le respondió:

    "Pide la capacidad de poder contentarte con lo que la vida te ofrece, sea lo que sea"

Cuento relatado por Gabriel Castellá.

Los chinos tienen un proverbio que dice: "No existe tormenta, por más turbulenta y amenazante, que no termine produciendo agua pura y cristalina".

 

 


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